Lo reconozco, por intuición les había recomendado a nuestros amigos una ruta que no había recorrido, a excepción de los primeros kilómetros: "Si tomáis el sendero que comienza tras el bar del Cabaneiro, por el camino de la Azureira y ruteais con fe, llegareis a tierras portuguesas", les decía y tomaba como referencia lo que me contaban las gentes de Sampaio... además, no podía ser de otra manera: brújula en mano, en aquella dirección estaba Portugal.
Este puente de mayo, tras un cocido escultural y una siesta fáunica, que delicia, escuchando Motherland de Natalie Merchant (Motherland cradle me, close my eyes, lullaby me to sleep. Keep me safe, lie with me, stay beside me don´t go...), la velux abierta a un mediodía que regalaba una luz intensa, como la que inundaba la escena final de "2002, una odisea en el espacio". Eso, tras un cocido pantagruélico y una siesta renacentista regada con un buen vino, comencé a rutear con aquella fe que les recomendaba a los amigos de CrCM, por aquella corredoira del contrabando, viva todavía con las historias de los antiguos esplendores del extraperlo. Fue fácil... una subida suave me colocó sobre el valle, con suficiente altura para abarcar con una excelente perspectiva los tejados de Sabucedo, San Martiño y otros pueblos del entorno... la primavera saturaba el camino. En 15 minutos más estaba ya cruzando un puente sobre un cuco riachuelo de montaña... y allí, el dilema, un cruce de caminos sin señalizar... aparentemente cualquiera de las bifurcaciones era válida, pero ya se sabe lo que ocurre en los cruces de caminos en Galicia y con más razón en este porque no había por allí ninguna cruz para ahuyentar a los diablillos... En la duda, decidí continuar con la compañía del agua, además, un poco más arriba se vislumbraban dos aguiluchos buscando la térmica de una ladera y estos espectáculos me atraen como un imán. Avanzo unos metros y me paro a verlos en un recodo del camino, en silencio, recogido, como en un acto litúrgico... pronto, para mi sorpresa, aparecieron otros actores en escena, pasé un poco de miedo cuando con decisión y paso castrense, una manada de jabalíes cruzó el sendero a menos de cien metros de donde estaba... quieto y manteniendo suspendida la respiración. Primero los mayores, unas moles prietas y oscuras y tras ellos, un poco despistados, una pandilla de pequeñuelos, con el pelaje más claro y a rayas. Estaba fascinado. Cuando los perdí de vista, retomé la subida entre dos suaves montañas de un valle un poco más cerrado. Había manantiales por el camino, el cocido me daba sed y no había hecho provisión de bebidas y esto te invita a creer en la providencia, como cuando bajas con la bici de montaña, te quedas sin agua y encuentras una morera... son placeres tan sencillos pero tan extraordinarios... Compartí el agua del manantial con unos tritones pequeños de cuatro patas (por favor, un biólogo !!!) que deben ser algo así como dragones milenarios en pequeñín. Ya casi había alcanzado el punto más alto del trayecto... en campo abierto, vegetación de arbusto y un rico, generoso manantial dibujado por esponjosas colonias de numerosas hojas color verde clorofila. El sendero me despistó al girar 180 grados, lo dejé por otro menos claro que avanzaba paralelo al manantial...eso es... me llevó hasta otro cruce de caminos en el mojón número 139 de la línea fronteriza... ahí, tallada de manera rudimentaria, junto al marco, sí había una cruz incrustada en el menhir. Continúo hasta el mojón número 140, a mis espaldas los molinos eólicos del Couto Mixto y desde allí, sigo caminando por el sendero que me empuja cuesta abajo hacia los primeros valles habitados de Portugal. No soy botánico, ni biólogo, pero estoy seguro que un paseo por estos lugares con uno de ellos debe ser una jornada de las que hacen afición: "hooligans" de laurisilvos -creo que vi alguno- o de acebos... y ahora, aunque este relato parezca un viaje de diseño, os diré que también, también me encontré, o él se encontró conmigo, a un ciervo, grande, gallardo, imponente... fue muy rápido y en dos flashes, primero auditivo (un berrido y un paso fugaz entre la vegetación ¿¿¿qué es???), segundos más tarde sí lo pude ver en plenitud, un salto ágil pero extraño, como si se estuviera defendiendo de algo y otra berrea. ¿Cómo puede alguien arrogarse el derecho de disparar y matar ejemplares así? ¿Para satisfacer qué bajo instinto? Me senté un rato entre los acebos, mi ladera estaba en la sombra y el resto del valle abierto al sol de la tarde "Motherland, cradle me, close my eyes, lullaby me ...."
Cinco minutos después tenía a mi alcance los tejados de Padroso, Portugal, desemboqué en el pueblo por la calle Outeiro y me paré a tomar una Sagres en uno de los dos bares, el que tiene el teléfono público. Me observaban un zorro disecado lleno de telas de araña y una liebre, también disecada, con una escopeta de juguete y una cartuchera. Como todos los pueblos, este también es un cajón de sastre en el que conviven arquitecturas ancestrales (el horno de piedra por ejemplo) con otras más iconoclastas, por decirlo de alguna manera... pero sí recomiendo una visita a la pequeña iglesia... haría las delicias de cualquier diseñador de interiores.